Día de Muertos

Reflexiones sobre la muerte: Una comunidad.

«No esperes a que sea muy tarde,
para decirle a alguien cuanto lo quieres,
cuanto te importa.

Porque cuando se haya ido,
no importará cuan fuerte grites o llores,
ya no podrá escucharte.»

— Rose Lovey

Como les comentaba la semana pasada, muchos miles de millones de personas en este planeta comparten la esperanza de llegar a “un lugar mejor” al término de esta vida, comparten la creencia de que hay un premio para “los buenos” y un castigo para “los malos”, ambos eternos. Las creencias son elementos poderosos, que pueden generar una gran cohesión entre individuos que de otra manera no compartirían de manera civilizada, incluso gustosa, tiempo y espacio.

En efecto, como dijo Steve Jobs durante su discurso en Stanford, ni siquiera quienes aspiran a “llegar al cielo” quieren morir para tener que llegar allí. Cuando alguien muere, siempre será una experiencia privada y personal; sin embargo, es una experiencia que muchos vivirán en medio de una comunidad. Aquellos que comparten una creencia se unen, en apariencia al amenos, con los familiares del fallecido.

Ideas curiosas que logran construir, de manera temporal o permanente, un sentido de pertenencia e incluso de hermandad. Rituales en los que participan los miembros de la comunidad, para pedirle misericordia a su deidad con aquel que acaba de fallecer. Este sentido de comunidad es fuerte, en el momento, y frecuentemente después del mismo. Los seres humanos somos, después de todo, animales sociales que estamos en búsqueda constante del cobijo y la aprobación de los otros.

Estas situaciones son desde luego propicias para que aquellos que se consideran iguales convivan entre sí. dicha igualdad puede incluir posición socio-económica, etnia, color de piel, nacionalidad, profesión, filiación política y desde luego religión, entre muchas otras cosas. Si bien muchos de los requerimientos sociales e incluso económicos pueden llegar a ser prescindibles, mi experiencia me sugiere que los espirituales no lo son tanto.

Seguramente el dolor de una pérdida semejante es más llevadero, para algunos al menos, cuando se sienten arropados por familiares, amigos y conocidos, que comparten sus rituales y su espiritualidad. La presencia de aquellos que son ajenos a todo lo anterior, si bien es probable que también sea apreciada, seguramente no lo es de la misma manera.

En ocasiones como esta es donde aquellos que decidimos alejarnos de los sistemas de creencias, notamos más que nunca lo aislados que podemos llegar a estar. Cierto es que no es necesario participar de los rituales, las oraciones y demás, para demostrar de manera palpable nuestra solidaridad y simpatía con los dolientes; pero no hacerlo es visto, de manera más que frecuente por aquellos que conforman la comunidad, como ajenos e indolentes, como “los otros”.

Para “los otros” siempre es palpable la distancia que un hecho aparentemente tan insignificante, la falta de pertenencia a un grupo espiritual y/o religioso, trae consigo. Pero lo es mucho más en este tipo de situaciones. Uno es perfectamente capaz de percibir una especie de abismo, intangible pero definitivamente real, entre aquellos que “creen” y aquellos que no.

Resulta difícil para muchos, incluso hoy en día, el poder aceptar que una persona sin creencias religiosas pueda llegar a sentir de la misma manera que ellos un dolor semejante, o la simpatía por aquellos que lo experimentan. Para muchos millones de seres humanos en esta tierra, la capacidad de experimentar empatía, solidaridad e incluso bondad están fuertemente asociadas con la adopción de una creencia religiosa o alguna práctica espiritual. Si uno no tiene tal, suele ser visto como alguien frio y/o superficial.

Bajo estas condiciones, resulta complicado el poder integrarse a estas comunidades temporales, más aún a las permanentes, en un mundo que sigue siendo fundamentalmente religioso. Esto está cambiando poco a poco. Dudo mucho que la religión, o algo semejante, desaparezca de las relaciones humanas en el futuro cercano, probablemente nunca lo haga. Muchas de las mentes más brillantes que se han atrevido a imaginar un futuro a siglos o incluso milenios de distancia del presente, no han sido tan audaces como para hacerlo sin un elemento de cohesión tan poderoso. Quizá así deba ser.

La vida frecuentemente llega a separarnos, por una u otra razón, de aquellos que apreciamos, de aquellos que queremos. Frecuentemente se trata de una separación física, algo que es perfectamente superable la mayoría de las veces, la muerte es desde luego una separación mucho más drástica y definitiva.

Para algunos queda la esperanza de volverse a encontrar en algún lugar paradisiaco, o incluso en otro mucho menos atractivo. Para otros la única oportunidad de convivir y disfrutar experiencias, alegrías o tristezas, es justamente en esta vida.

Es lamentable que frecuentemente permitamos que cosas insignificantes nos alejen de aquellos que apreciamos. La muerte es lo único seguro, dado que es así, bien haríamos en apreciar el tiempo finito y extremadamente valioso de que disponemos justo ahora, y evitar en lo posible distanciamientos innecesarios. Cada quien deberá tomar las decisiones pertienentes, so pena de lamentarse posteriormente.

lady-justice-and-the-grim-reaper

Fuente de la imagen

PD: Espero, estimado lector, que hayas encontrado algo interesante, quizá incluso valioso, en estas reflexiones. Muchas gracias por haberme acompañado. Hasta la próxima.

Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s