Día de Muertos

Reflexiones sobre la muerte: Crimen y castigo.

La muerte es la única certeza que tenemos en esta vida. La forma en que esta ocurra varía de persona a persona. Entre nosotros habrá quien muera de vejez, en cama, rodeado de sus seres queridos. Habrá quien muera por alguna enfermedad crónica y/o degenerativa. Podría seguir listando, de manera inútil, las múltiples causas y formas en que los seres humanos abandonamos esta existencia, sin importar las causas siempre será doloroso para los familiares, amigos y/o conocidos que continuarán viviendo en esta realidad, pero ustedes y yo sabemos que hay muertes más dolorosas e incomprensibles: Las muertes súbitas.

A diferencia de la muerte por vejéz o enfermedad, donde podemos tener un periodo de preparación para “lo peor”, la muerte súbita suele sacudirnos de una manera particularmente dolorosa, suele haber un sentimiento instantáneo de rabia y, desde luego, pérdida. Dentro de la muerte súbita (digamos por ejemplo: Infarto fulminante) hay un tipo particularmente doloroso: La muerte violenta.

Ya sea por accidente, ya sea por la intervención de un tercero, este tipo de muertes son sin duda las que dejan la huella más profunda, las que sin duda son extremadamente dolorosas para los dolientes. En el caso de los accidentes, sin duda surge la pregunta ¿Pudimos haber hecho algo para prevenirlo?, y en el caso particular de los asesinatos miles, quizá millones de preguntas, cuya respuesta termina siendo irrelevante, inundan nuestra mente.

Este tipo de sucesos son razonablemente raros en algunos pocos lugares del mundo, extremadamente frecuentes en otros. México es uno de los lugares donde este tipo de muertes súbitas, violentas, se están volviendo terriblemente comunes. Una de las principales causas de dolor e incertidumbre son las inevitbales preguntas ¿Quién? y ¿Por qué?. Aún cuando, como ya dije, las respuestas terminan siendo irrelevantes frente al hecho, para muchas personas el conocer dichas respuestas puede servir para ayudar en el proceso del duelo.

Es aquí donde entran las instituciones de impartición y procuración de justicia de cada sociedad. En algunas partes de este planeta, dichas instituciones funcionan razonablemente bien, y conocer la identidad de el(los) responsable(s) y sus motivos, si bien mínimo, puede proveer a los dolientes de algun consuelo, y sobre todo de la certeza de que el responsable pagará con su libertad, o incluso con su propia vida, por la atrocidad cometida.

Sin embargo, en muchos lugares de este planeta, y en particular en este país, México, sabemos que las instituciones encargadas de la impartición y procuración de justicia son inoperantes. Y de allí tenemos que los dolientes tienen que continuar con sus vidas cargando, además del dolor de la pérdida del ser querido, con la incertidumbre sobre quien y porque se cometió tal atrocidad. Esto también representa un crimen contra la sociedad, pues es más que probable que si una persona, o un grupo de ellas, han cometido el acto aberrante de privar de la vida a un semejante, lo volverán a hacer.

Ahora, desde la perspectiva de los dolientes, y en el caso particular de México ¿Vale la pena pedir/seguir una investigación?. Digo, puede ser que se halle a el(los) responsable(s) y se conozcan sus motivos, pero ello no devolverá la vida del ser querido. Por otro lado, en un país donde a cada rato tenemos nueva evidencia de la colusión entre delincuentes y “autoridades” ¿Vale la pena tratar de conocer la verdad a pesar del riego de sufrir represalias?, ¿Vale la pena arriegar la integridad del resto de la familia por una certeza vacía?.

Estas preguntas son lamentables y deprimentes, pero me parecen muy válidas dada nuestra situación actual. Me parece algo imperdonable que los dolientes no puedan aspirar en este país al consuelo, por mínimo que este sea, de ver que los responsables de la muerte de su ser querido pagarán, de alguna manera, por el daño causado. Como sociedad no debiéramos permitir que esto siga ocurriendo. No solo por la justicia, cualquier cosa que esta sea, sino incluso por la seguridad de nuestras propias familias.

La muerte siempre causará pena, pero una con las características que se han vuelto tan comunes en México: indefensión, incertidumbre, injusticia e indolencia de parte de las autoridades y del conjunto social; es aún más dolorosa y trágica. El hecho de que muchos mexicanos hayan aceptado situaciones así como el “orden natural de las cosas” es algo que me parece despreciable y una potencial condena de muerte para muchos de nuestros seres queridos. ¿Hasta cuando seguiremos soportando una realidad así? ¿Esperaremos a que le pase a alguno de nuestros seres queridos?.

En el Més que México le dedica a sus muertos, pienso que debemos hacernos estas preguntas, y muchas más, para que en el momento que tengamos que presentarnos frente a la ofrenda, para honrar la vida de quienes nos precedieron, lo hagamos sin temor, con resignación e incluso, ¿Por qué no?, con cierta alegría, que es una de las características de estas fechas.

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Fuente de la imagen

PD: A principios de este año la muerte estuvo muy cerca de mi y de mis seres queridos. Afortunadamente no se trató de niguno de mis familiares y/o amigos, cosa que eventualmente ocurrirá desde luego, sino de un conocido y de uno de mis vecinos. Entonces decidí que este més de noviembre compartiría en este espacio algunas reflexiones relacionadas con la única certeza de esta vida: su final. Espero, estimado lector, que quieras acompañarme la próxima semana cuando continuaré con este serial. Hasta entonces.

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