Caminos y Sueños

Una vejez de riqueza.

Existió un pueblo pequeño y pintoresco, localizado en un valle rodeado de colinas boscosas, en ese pueblo vivío una mujer muy rica, esta mujer se llamaba Socorro. Cuando fué jóven, Socorro estuvo rodeada de pretendientes, los cuales eran bellos y poderosos; hijos de hacendados y terratenientes de las comunidades cercanas; de algunas otras lejanas. Siendo, como era, de inigualable belleza jamás los considero dignos siquiera de una sonrisa.

Regalos, promesas y propuestas vinieron de todos los rincones de la comarca, y ninguno fue correspondido por ella. Pero ni la belleza ni la riqueza son eternas; al pasar de los años Socorro se volvió vieja, amargada y gastó casi toda su fortuna. Fué entonces que los demás pueblerinos comenzaron a tratarla con recelo, algunos incluso con rencor y franca agresividad. Ella no habló ni se acerco a nadie durante años y años, lo cual solo empeoró la situación.

Un buen día, Socorro salió de su casa y comenzó a cargar todas las cosas de valor que le quedaban en una carreta que dirigió después hacia el centro del pueblo, donde comenzó a regalarlas a quienes por alli pasaban, entre quienes estaban aquellos que menos tenían y a quienes ella siempre había visto como una molestia. El tiempo siguió su marcha, la historia de Socorro se volvió conocida a lo largo y ancho de toda la región. La loca que regaló su riqueza, el bello ángel que terminó convertido en arpía.

Años más tarde se levantó de su cama, era un día como cualquiera; sin un céntimo en sus bolsillos, sin nada en sus alhacenas, se aseó y se dirigió al centro del pueblo. Al llegar a la fuente enmedio de la plaza se dispuso a esperar. Y esperó … y espero … hasta que Doña Petra se le acercó y le dijo “Buenos días, ¿Estás lista?“, Socorro no dijo nada, solo asintió y ambas se dirigieron entonces hacia la casa de Doña Petra.

Una vez llegaron allí, Socorro entró en la cocina y se puso a lavar los trastes sucios que había; después de lavarlos, los secó y los colocó en su lugar. A cambio de ello Doña Petra le dio un pequeño vaso de leche y un pedazo de pan. Al terminar de comer, Socorro hizo una leve reverencia, estrechó la mano de Doña Petra y salió de allí.

Nuevamente se dirigió hacia el centro del pueblo, donde esperó y esperó. A eso del mediodía se apareció entre los caminantes, Juán el carpintero; se le acercó. “Socorro, buena tarde” le dijo, “¿Podrías cuidar a mis pequeños mientras mi mujer y yo vamos al mercado del otro pueblo?“, nuevamente Socorro no dijo nada, solo asintió y lo siguió hasta su casa.

Pedro tenía dos pequeños: una niña, la mayor, y un niño, el pequeño. Eran por lo general muy bien portados; Socorro se limitaba a verlos jugar y solo intervenía si las cosas comenzaban a ponerse pesadas o si se acercaban a algún peligro. Mientras todo esto sucedía, una expresión indescifrable se mantenía en su rostro, pero sobre todo en sus ojos, esos mismos ojos que un día vieron al mundo con arrogancia e ironía.

Pasadas unas horas, Pedro y su mujer volvieron a casa. Un pedazo pequeño de carne, un plato de sopa y un efusivo agradecimiento de los niños, y desde luego de sus padres, fue lo que Socorro recibió esa tarde. Salió de allí y una vez más sus pasos la llevaron hacia el centro del pueblo. Un viento húmedo soplaba, nubes grises presagiaban una noche fría.

María regresaba entonces de los campos, ya la tarde comenzaba dar paso a la noche. En la cara de María se veía el cansancio de la dura jornada. Se acercó a Socorro, y ambas cruzaron la mirada. Una misteriosa sonrisa se dibujó en la cara de María y allí permaneció por unos instantes, después se alejó … con Socorro a sus espaldas.

La casa de María se encontraba en las afueras del pueblo, la zona más humilde. Al llegar a ella, y sin mediar palabra, Socorro se dirigió a unas cajas y tomo algo de pasta, un par de jitomates casi marchitos, un par de papas, una pizca de sal y agua de una cubeta. Se dispuso entonces a preparar una sopa y asar las papas en un comal pequeño que había por allí.

Cuando llegó el marido de María, Márcos, se limito a decir “Buena Tarde” sin dirigirse a nadie en particular. Al cabo de unos minutos la sopa y las papas finalmente estuvieron listas. Se sentaron los tres a la mesa, y mientras comían aquella expresión peculiar volvió a su rostro. Maria y Márcos platicaban un poco de su día en los campos, y en los establos de Don Felipe.

Al terminar de cenar, Socorro recogió los trastes, los dejó en el lavadero y después se dirigió a la puerta. Antes de salir estrecho las manos de ambos y después cruzó el umbral hacia la noche. Márcos y María la vieron alejarse con una sonrisa de agradecimiento y afecto en sus rostros cansados, hasta que Socorro se perdió entre las sombras ellos entraron en su casa.

Socorro se dispuso entonces a cruzar el pueblo, en dirección a la choza que ahora llamaba su hogar y que en realidad solo utilizaba para dormir. Iba cansada, pero al mismo tiempo extrañamente ligera, como si un peso inmenso hubiese sido quitado de sus viejos hombros. Quienes la veían pasar por lo general mostraban extrañeza, algunos otros algo parecido a la comprensión. Aquellos que de ella, años atrás, habían recibido lo mejor de lo que fueron un día sus riquezas tenían en su rostro una mirada adusta y desconfiada.

Al llegar a la puerta de su choza, Socorro volvió la vista atrás, con esa misma expresión indescifrable, que ahora se tornaba en alivio e inmensa felicidad, mientras la noche con su manto todo lo envolvía. Era como si desde que vivía al día, desde que compartía un pedacito del pan y la vida de aquellos a quienes tiempo atrás despreció, estuviese más viva y fuese más rica que nunca.

No había desde entonces necesidad de palabras, miradas y sonrisas bastaban para comunicarse. Sentía que si hablaba el hechizo se rompería. Se volvió pues nuevamente hacia la puerta, la cerró detrás de si y se dispuso a asearse una vez más, esta vez para descansar. Mañana sería quizá parecido, quizá diferente, pero lo que si sabía de cierto era que un nuevo pedazo de vida sería recuperado antes de terminar el día.

just dripping 01

PD : Estimados lectoresmuchas gracias por permitirme una vez más compartir tiempo, espacio y fantasía con ustedes. Les recuerdo que todos los elementos multimedia son propiedad de sus respectivos autores y se presentan en este espacio sin ánimo de lucro. Hasta pronto.

Otros relatos de esta serie :

Oceano Rosa , Instante , Una sopa peculiar , La Guarida Pepe y Daniela.

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