Caminos y Sueños

Instante.

Era una tarde de Diciembre de 2010 … hacía pocos meses que Toño había hallado por fin algo parecido a un trabajo. Una actividad sencilla pero divertida y que si bien era poco probable que lo volviese rico, si era muy gratificante por los alcances que tenía tanto para él como para otros. Toño era feliz … y pretendía mantenerse así por tanto tiempo como le fuese posible.

Era la vípera de la Navidad, celebración que a últimas fechas le parecía cada vez menos importante, al menos en el aspecto comercial asociado, pero si divertida e incluso necesaria, a un nivel más personal y familiar. Precisamente ese día él y sus familiarres más cercanos tenían la intención de disfrutar de una cena en un conocido lugar del sur de la ciudad, pues realmente a ninguno le apetecía cocinar, y allí se comía rico.

Salieron más o menos temprano de casa, era probable que tuviesen que padecer algo más del tráfico vehicular habitual, dada la naturaleza festiva del día, pero estaban dispuestos a soportarlo pacientemente, la velada que se disponían a pasar bien valía eso. Sin embargo, y por una de esas felices situaciones inesperadas, el tráfico fue mucho menor al esperado y llegaron pronto a su destino.

La sala de espera estaba también algo menos concurrida de lo esperado, pero por otra parte eso no tenía nada de raro: La víspera de Navidad es tradicionalmente una celebración que se realiza en casa, la víspera del Año Nuevo, por otra parte, sería una situación bastante diferente. Así pues, sin mucha demora, accedieron a una mesa en la esquina del local, un lugar que de hecho ya habían utilizado en alguna ocasión previa.

Pidieron el menú especial de aquella ocasión: Algo de Lomo de cerdo, con pasta y la ensalada de manzana, tradicional en estas fiestas. Antes de disfrutar de su cena, una plática casual en la que se comentan los acontecimientos del día y la velocidad con que había transcurrido el año que estaba por terminar en unos cuantos días. Los logros, los agradecimientos e incluso algunos disgustos y mentadas bien merecidas.

Llegó su orden y disfrutaron, entre sonrisas, comentarios chistosos, y demás, de una cena bastante decente, que desde luego no sería muy barata que digamos, teniendo en cuenta los modestos ingresos que tenían. Pero esta ocasión bien valía la pena el “gastillo” … las expectativas para el próximo año eran prometedoras y tenían confianza en que dichas expectativas se materializarían satisfactoriamente.

Terminada la cena, continuaron charlando de todo y nada. De esas charlas en las que realmente poco importa el tema sino las personas con quienes se comparte un mismo espacio y tiempo. Así transurrieron un par de horas, entre café, pan y risas. Se dispusieron pues a salir del restaurante, aún no era medianoche, y decidieron tomarse algunos minutos más para ver con interés, y quizá un poco de ambición, los anaqueles y mostradores donde se exhibían diversas mercancias en una tienda cercana.

Viendo diferentes artículos : relojes, pulseras, juguetes, dulces, libros, electrónicos, etc … el tiempo transcurría rápidamente. Toño pensó que por una ocasión podría escaparse de la realidad. Estaba en un error. Trás varios minutos de merodear por la tienda se dirigieron hacia la salida para tomar el transporte que los llevaría de regreso a casa, cuando en un instante fugaz Toño sintió un estruendo en todo su ser.

Allí frente a él pudo apreciar, solo por un instante, una escena que, aunque cotidiana, lo acompañaría por mucho tiempo. Demasiado empático con sus semejantes, a pesar de lo que él mismo afirmase una y otra vez, no fue capaz de mantener su mente alejada de aquella imágen durante el resto de la noche ni en los meses por venir : La simple y sobrecogedora belleza, y horror, de una situación tan común.

Hoy, cuando cierra los ojos mientras escucha alguna tonada particularmente bella o nostálgica, puede ver una vez más, frente a él, a tres pequeños mugrientos y andrajosos, sonriendo felizmente frente a un monitor donde se observa la película animada del momento, solo se observa, no hay sonido. Una situación tan simple y tan absurda, pero que a los ojos de esos niños era la magia más bella y poderosa del mundo; recuerdo de una noche de navidad y una pregunta : ¿Por qué?

PD : Estimados lectores, les agradezco una vez más el privilegio del tiempo que le hayan dedicado a estas líneas. La realidad frecuentemente hace inútil cualquier preparación o protección que pensemos tener ante ella. Les deseo unas felices fiestas de fin de año y los espero en una próxima ocasión. Hasta entonces.

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