Caminos y Sueños

Una sopa peculiar.

En la zona montañosa de un lugar al sur había una serie de pueblecillos muy curiosos. Estos pueblos estaban conectados entre sí por unas veredas descuidadas, veredas más bien aptas para las cabras que para personas.Desde el este, de aquellas tierras que según los ancianos permiten divisar el mar, venía llegando un extraño viajero bajo la bruma y el cielo tormentoso característico de la región.

Arribó primero al pueblo de San José y allí permanecio por unos días. Por estas tierras los extraños no eran muy bien recibidos que digamos, pero aparentemente el fuereño supo ganarse la confianza de los habitantes de la localidad, no solo eso,  incluso fue despedido con alegría por esa comunidad cuando tuvo que proseguir su viaje.

Así pues, el viajero siguió su camino por la región, visitando diferentes lugares como el Rancho de Don Teófilo, quien había matado a un coyote muy canijo y muy bravo el año pasado; o las tierras de Los López, quienes tenían fama de entrarle muy duro al Aguardiente, tanto los hómbres como las mujeres, cada vez que había una comilona. El viajero anduvo también por otros pueblos como San Bartolomé y San Felípe … y por donde pasaba creaba mucha sorpresa y algo parecido a la gratitud.

Según decían los rumores, era un tipo de estatura promedio, que vestía ropa muy gastada, tirándole a los harapos; también se decía que no había aceptado ni zandalias ni ropa de aquellos lugares por los que había pasado pues comentaba por lo bajo que los locales los necesitaban más que él. Todas estas comunidades eran bastante pobres, y quizá por ello mismo muy desconfiadas y recelosas de sus pocas pertenencias, pero parecían muy dispuestas a compartir lo poco que poseían con un completo extraño … ¿Por qué?

Por aquél entonces San Mateo estaba viviendo una época difícil, las fuertes lluvias de hace unas semanas habían afectado a toda la región, pero sin duda esta comunidad había sacado la peor parte. Ubicada en las laderas de una cañada muy bella, pero muy peligrosa, San Mateo había visto hace solo unos días como una parte de si se despeñaba o era sepultada por las lluvias, además de que la mayoría de las cosechas habían sido muy afectadas. Este lugar parecia ser el siguiente destino del viajero, o al menos eso decía el rumor.

Venía bajando desde el bosque hacia la entrada del pueblo una tarde lluviosa cualquiera; como ya se sabía que venía y no se tenía noticia de que fuera peligroso se le dejo estar. En realidad no entró en el pueblo prefiriendo permanecer cerca de “la casa de hierbas” del burro de Don Severiano, con el permiso de este por supuesto, cobijandose del agua, pero sin mostrar molestia alguna por ella, sino más bien una suerte de sonrisa indiferente y fascinada al mismo tiempo.

Al llegar la noche  el fuereño se recostó bajo el techo de lámina negra, algo mojado pero no del todo incómodo. Al día siguiente, a media mañana, se dirigió a la capilla de adobe que marcaba el centro del pueblo y se sentó sobre una piedra que había por allí a observar el paisaje. Trás un par de horas de permanecer sentado sin hacer nada, se levanto de la piedra, se desperezó y le hizó una pregunta a una señora que pasaba, Doña Refugia : “¿Tendrá usted una olla, un poco de agua y algo de leña?” … pero Doña Refugia no le contesto y siguió su camino.

Don Tiburcio, que también pasaba por allí,  recibió la misma pregunta, a lo que respondió, con otra pregunta: “¿Y para que quieres la olla?” a lo que el fuereño le respondió: “para preparar una sopa de piedra“. Sopa de piedra … que idea tan absurda, era probable que el pobre sujeto estuviera loco o delirando, pero siendo Don Tiburcio un hombre piadoso decidió no discutir  y después de algunos minutos le entrego una olla más bien grande y un hato de leña con una sola condición: recibir un plato de la sopa cuando estuviese lista, a lo que el viajero dijo: “Claro que si, Muchas Gracias mi señor“.

Unos instantes despues el viajero pidió un poco de agua a otra persona, y luego a otra, y aún una más, pero resultaba evidente que el agua escaceaba por allí. Así las cosas decidió hacer un último intento con una viejecilla que venía de la calle de atrás de la capilla. Doña Queta observó cuidadosamente al individuo, y después de valorarlo decidió que estaba loco de remate .. ¿Sopa de Piedra?. Al igual que Don Tiburcio, Doña queta accedió con la condición de probar la sopa cuando estuviese hecha : “…pero tendrás que acarrear el agua tu mismo

Teniendo los ingredientes principales listos colocó la leña en el suelo, junto a la piedra que le había servido de asiento, y sacó de entre sus harapos una piedra lisa, como esas que encuentra uno a la orilla de los rios, la enjuagó y la colocó en la olla, luego vertió el agua hasta llenar trés cuártos, encendió la leña con algo de hierba seca y su yesca, y comenzó a mover el agua. Don Tiburcio y Doña Queta habían comentado la extraña idea del fuereño y su sopa con los demás habitantes, más de uno se había reido a voz en cuello de tan absurda idea. Sin embargo, muchos de ellos se habían reunido algo más tarde a contemplar al loco y su sopa imposible.

Una cuchara, salida de quien sabe donde, se movía en el interior de la olla y de vez en cuando unas gotas caían en la palma de la mano del fuereño y llegaban a sus labios : “esta casi lista … pero aún le falta algo.  ¿ No tendrá usted algo de sal mi señora ?” le pregunto a Márgara la pastora. Ella le dijo que sí, pero que a cambio quería algo de la sopa. La sal fue agregada, y trás unos movimientos de cuchara nuevamente fué verificada. Una sonrisa y un nuevo comentario: “hmm … con algo de cebolla quedaría mucho mejor“.

Mario, un niño curioso y vivaracho dijo que su mami tenía un poco de eso, y que a cambio aceptaría, como los demás, una probadita de la sopa. Unos instantes después, media cebolla acompañaba a la piedra en el menjurge. Macaria, la viuda aporto unos chilitos y Petra, la esposa de Don Elías, el alcalde, un poco de yuca. Cilantro y algunas papas acompañaron a los demás ingredientes. Una nueva prueba : “casi .. casi … un pedacillo de carne es todo lo que le falta“. Doña Refugia volvió unos minutos después con un par de pedazos algo añejos que fueron a parar al fondo de la olla.

Todos los presentes se miraban unos a otros con un asomo de sonrisa y un brillo peculiar en los ojos. Hacía algún tiempo que no sonreían, la situación actual no se prestaba mucho para ello. Platos, bandejas y cuencos llegaron de todos los lugares imaginables, y aunque solo alcanzó un poco para cada quien, todos coincidieron en que esa era la mejor “sopa de piedra” que hubiesen probado jamás. Una sonrisa de complicidad se mostró entonces en los rostros de los comensales, debida a la forma de preparar tan peculiar platillo … sopa de piedra … que curioso.

El fuereño permaneció un par de días más en en lugar, y por supuesto volvió a preparar su peculiar platillo en cada ocasión. Los habitantes pensaban que no estaba del todo mal tener este tipo de visitas de vez en cuando, visitas extrañas que les permitían reunirse algunos minutos, y divertirse. Al final, el fuereño decidió seguir su peregrinaje, y los habitantes de San Mateo lo vieron partir con una cierta sensación de pena, pero más aún de agradecimiento … el camino seguía hacía el horizonte, y una piedra bien podía rodar por eĺ durante algún tiempo.

PD : Últimamente ando en modo narrador ¿verdad? … espero que hayan disfrutado de este nuevo relato. Les agradezco mucho los minutos que se han tomado para visitar este lugar, les deseo un buen día y recuerden que los espero en una próxima ocasión. Hasta Pronto.

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